Por fin se acabó la Semana Santa
Por fin se acabó la dichosa semana Santa, por fin se callaron los tambores, las saetas. Se acabó la hipocresía de muchos y la verdadera devoción de algunos menos.
Hace años que no voy a una procesión , no me gusta ser testigo de tal espectáculo ni de la desmesurada ostentación de riquezas que hacen aquellos que dicen tener el voto de pobreza.
Desde pequeña me inquietaba el poder del cura de mi pueblo, me daban miedo las imágenes de la iglesia y nunca nunca nunca comprendía nada ….
Os cuento algunos de mis recuerdos de la niñez relacionados con la Semana Santa:
En los días que antecedian a la Semana Santa el pueblo se acicalaba encalando las fachadas de las casas en las calles por donde habrían de pasar las procesiones, se preparaban los hogares para el retorno de los ausentes, de aquellos que tuvieron que emigrar a las grandes ciudades, Vitoria, Bilbao, Madrid, Barcelona etc o a otros paises como Francia o Alemania, las más beatas se apresuraban en tener a punto el ajuar de los santos y la Iglesia limpia.
Con la llegada de la pascua, el pueblo se llenaba de vida, despertaba del letargo del frío invierno. La plaza rejuvenecia con la algarabia de nuevos niños, de abuelos orgullosos que paseaban del brazo de aquel hijo que regresaba, de jovenes que nos traian las nuevas modas, las nuevas músicas …
Eran días de estreno, se estrenaban las ropas de temporada para los domingos y fiestas de guardar venideras, era el tiempo de recuperar los amorios con los barrizales ( mote que pusimos a los venidos de las ciudades) del verano anterior o de despedirlos para siempre. Había una sensación de felicidad que se expandía entre todos los vecinos.
Ante toda esta luz , nunca comprendí la oscuridad de la religión católica. El cura ordenaba cerrar los bares, la discoteca, ni siquiera nos dejaban salir a pasear de noche (otra cosa no se podía hacer) porque estábamos de luto “había muerto el Señor”, nos decían. Todo lo que pudiera ser motivo de diversión quedaba pospuesto hasta el domingo de resurrección, todo prohibido bajo la amenaza de arder en los infiernos , todo era pecado, todo era meter el miedo en el cuerpo .
Hoy muchas cosas han cambiado, pero lo que subrayo como más importante es que el cura no tiene poder sobre todas las cosas ni puede atemorizar las almas de las buenas gentes … La vida no se detiene por eso que llaman la fé y el negocio del Vaticano.




jotatrujillo dijo
¿Porqué siempre han intentado enseñarnos un dios viejo y desconchado que muere de tristeza en las sombras frías de las iglesias?
¿Que pretenden enseñando un dios vengativo, violento, incapaz de la caricia, enseñando siempre los rigores del infierno?
¿Como es posible ese miedo que todos de niños hemos sentido?
Yo me acuerdo de "las misiones", una semana en que el pueblo era lugar de todos los pecados, de todas las penitencias, de todas las tristezas, de todos los demonios reales o figurados, mientras los cepillos se iban llenando, aunque en aquellos años el hambre fuera de verdad la verdadera compañera de todos nosotros.
Un abrazo.
25 Marzo 2008 | 12:26 PM