Almas - Eduardo Punset
Durante la guerra civil de Ruanda, una abadesa hutu alertó a la milicia de la presencia de tutsis refugiados en su convento. Sin embargo, escondió a las personas que, como ella, eran monjas. Es un ejemplo dramático de algo que el cerebro hace constantemente, de forma automática: dividirnos entre “nosotros” y “ellos”. A la luz de la percepción codificada y deformada que tenemos del universo real, parecía probable que la mayor parte de la energía cerebral no se consumiese interpretando fielmente lo que percibimos fuera: serían resultados más bien pobres a cambio de tanto supuesto esfuerzo cerebral.
Gracias a la neurología, descubrimos que el cerebro utiliza gran parte de su energía para predecir, inventar e imaginar, configurando además divisiones entre “ellos” y “nosotros”. El cerebro también nos agrupa en función de nuestros temores y quimeras. La pregunta pertinente a partir de ahora es si seremos capaces de controlar esta “manía” cerebral, para evitar así respuestas irracionales e injustas hacia los demás.
Hay personas capaces de dar la vida por un equipo de fútbol, o de quitársela a otros porque son de una etnia o de una nacionalidad diferente. Estas divisiones, en general, parecen extrañas. Objetivamente, se aprecia el componente absurdo de esas pasiones: “No tiene sentido”, decimos sorprendidos. Pero cuando se trata de temas sobre los cuales tenemos sentimientos viscerales, no es fácil tomar distancia.
Los perros forman manadas y los chimpancés son muy leales a su grupo. Sin embargo, a diferencia de las personas, estos animales no deciden que los del otro grupo son buenos o malos en función de sus banderas, sino de intereses concretos como el territorio o la selección sexual. Ta vez seamos la única especie que se comporta de un modo u otro en función de los símbolos. Además, nuestras filiaciones se solapan porque tenemos más de una manera de clasificarnos: la nación, el idioma, el sexo, las edades… Es fascinante constatar también que seguimos dividiéndonos en categorías como género o etnia, pero que no utilizamos otros raseros como ser zurdos y diestros o altos y bajos. Esto sugiere que tenemos un modo específico de clasificar. Y el pensamiento, como el alma, está en el cerebro.
Eduardo Punset




almadeguerrero dijo
El alma, pese a que lo diga punset y toda su ciencia... no está en el cerebro... pero bueno... independientemente de eso, sí es cierto que percibimos la realidad desde los presupuestos que el cerebro interpreta en función de cómo "hemos aprendido a interpretar las señales".
Es posible, completamente cierto, no caer en esas divisiones, es muy posible. A nivel individual mucho más fácil que hacerlo a nivel grupal.
Ya existieron seres que aprendieron o se adiestraron para percibir otras formas de la realidad. Y con ello, su comportamiento no se parecía en nada a los de sus congéneres, pasados ni futuros.
1 Julio 2008 | 11:17 AM